“La apicultora” es un homenaje a los oficios que sostienen el paisaje sin salir casi nunca en la foto. Quería poner en primer plano a una persona que trabaja con las abejas, con todo lo que eso implica de cuidado, paciencia y conocimiento del entorno.
El mural combina retrato y naturaleza: la figura de la apicultora ocupa buena parte del muro, mientras que alrededor aparecen detalles de panales, flores y el vuelo de las abejas. No es una escena idílica; es un trabajo serio, concentrado, y eso se nota en su gesto y en la forma de sujetar el material.
Me interesaba que quienes pasan a diario por allí reconocieran ese trabajo silencioso del que depende buena parte de lo que comemos y del paisaje que disfrutamos. Es un mural sobre identidad rural, pero contado desde una persona concreta, no desde un concepto abstracto.