“La tierna despedida” es un mural basado en una historia muy concreta: la carta que Juan de Padilla escribió a María Pacheco antes de ser ejecutado tras la revuelta comunera. Lo que me interesaba no era ilustrar un episodio histórico al uso, sino capturar el momento íntimo detrás de una fecha y unos nombres.
El mural se centra en los gestos: las manos, la postura del cuerpo, la mirada perdida en un punto que no vemos. La escena no grita; está contenida, como muchas despedidas reales. Jugué con una paleta sobria, casi terrosa, para que la emoción saliera de la postura y no del color.
Para el pueblo, esta obra conecta con una parte de su memoria; para mí, fue un reto de equilibrio entre historia, respeto y lenguaje contemporáneo. Es de esos muros que te obligan a bajar un poco el ritmo cuando pasas por delante.